Hay una frase que probablemente se te pase por la cabeza cuando vas a recoger una furgoneta por primera vez:

“¿Y si no sé conducirla?”

Si llevas años conduciendo un coche, es bastante normal que tengas esa duda. Estás acostumbrado a las dimensiones de tu vehículo, sabes hasta dónde llega el morro, calculas casi sin pensar cuánto necesitas para aparcar y tienes perfectamente controladas las distancias.

De repente te encuentras delante de una furgoneta bastante más grande y la primera impresión puede ser otra.

Pero hay algo que conviene tener claro desde el principio: una furgoneta no es difícil de conducir. Simplemente requiere acostumbrarse a un vehículo diferente.

Y eso suele ocurrir mucho más rápido de lo que uno imagina.

En Furgotur nos encontramos con personas que necesitan una furgoneta para situaciones muy distintas. Una mudanza, recoger unos muebles, transportar material para un trabajo, hacer un viaje con amigos o llevar a una familia completa en una furgoneta de 9 plazas.

En muchos casos es la primera vez que van a ponerse al volante de una.

Por eso hemos preparado esta pequeña guía. No para enseñarte a conducir —para eso ya está la autoescuela—, sino para contarte qué vas a notar cuando cambies el coche por una furgoneta y qué puedes hacer para sentirte cómodo desde los primeros kilómetros.

Antes de arrancar, tómate cinco minutos

Cuando recojas la furgoneta, es muy tentador subir, arrancar y marcharse.

Sobre todo si tienes prisa.

Pero esos cinco minutos que dediques a conocer el vehículo te van a venir muy bien.

Regula el asiento. Coloca los espejos. Mira cómo funcionan las luces y los limpiaparabrisas. Familiarízate con el cambio de marchas, el freno de mano y los mandos que no tengas en tu coche habitual.

Y, sobre todo, mira por los retrovisores.

Intenta hacerte una idea de cuánto ocupa el vehículo y de qué zonas quedan fuera de tu campo de visión.

No necesitas memorizar nada. Simplemente empieza a crear una nueva referencia.

Conducir un coche durante años hace que muchas de estas cosas las hagamos automáticamente. Con una furgoneta nueva necesitas unos minutos para que tu cabeza vuelva a hacer ese mismo trabajo.

La sensación de tamaño engaña un poco

Desde el puesto de conducción, una furgoneta puede parecer enorme.

Y, curiosamente, también puede ocurrir lo contrario: al estar sentado más alto, tienes una sensación de control que hace que el vehículo parezca más manejable de lo que realmente es.

Durante los primeros kilómetros conviene recordar que detrás de tu asiento hay bastante más vehículo que en un turismo.

Esto se nota especialmente al girar y al pasar por lugares estrechos.

No hace falta conducir pegado al extremo de la carretera ni intentar pasar por cualquier hueco. Deja un poco más de margen y conduce con tranquilidad.

Después de un rato empezarás a calcular las distancias casi sin darte cuenta.

El primer gran reto: aparcar

Si hay una maniobra que suele preocupar a quien conduce una furgoneta por primera vez, es el aparcamiento.

Normal.

La furgoneta puede ser más larga y más alta que el coche al que estás acostumbrado y, además, la visión hacia atrás puede ser diferente.

Aquí hay un consejo que parece muy sencillo, pero funciona:

No tengas ninguna prisa por aparcar.

Si necesitas hacer una maniobra más, hazla.

Si tienes que corregir la posición, corrígela.

Y si no estás seguro de tener espacio suficiente, detente y compruébalo.

No hay ningún premio por aparcar una furgoneta de nueve plazas en una sola maniobra.

De hecho, cuando alguien conduce una furgoneta por primera vez, es mucho mejor que se tome su tiempo a que intente hacerlo deprisa porque hay otros coches esperando.

Con el tiempo irás calculando las dimensiones de forma natural.

Ojo con los giros cerrados

Aquí hay otra diferencia respecto a un turismo que se nota bastante.

Cuando giras, las ruedas traseras no siguen exactamente el mismo recorrido que las delanteras. En una furgoneta larga, esto se aprecia todavía más.

Imagina que estás entrando en una calle estrecha y haces un giro.

La parte delantera ya ha pasado, pero la parte trasera todavía está realizando el giro.

Por eso, en determinados giros, conviene abrir un poco la trayectoria y prestar atención a los retrovisores.

Especialmente si tienes una pared, una columna, otro vehículo o cualquier obstáculo cerca.

Parece una cuestión menor, pero es uno de esos detalles que se aprenden rápidamente en cuanto conduces una furgoneta un par de veces.

¿Y si lo que necesitas es una furgoneta de 9 plazas?

Aquí la situación cambia bastante.

No vas a utilizar la furgoneta para una mudanza ni para transportar cajas. Lo que quieres es viajar con varias personas.

Quizá sois una familia numerosa. O un grupo de amigos. O necesitáis desplazar a un equipo para una actividad, una excursión o un viaje.

En estos casos, una furgoneta de 9 plazas puede resultar mucho más práctica que desplazarse en varios coches.

Pero si nunca has conducido una, probablemente tengas la misma duda:

“¿Será muy diferente?”

La respuesta es que las sensaciones cambian, pero enseguida te acostumbras.

Lo primero que notarás es el tamaño. Lo segundo, que llevas a bastante más gente contigo.

Y eso sí requiere una pequeña adaptación.

No porque sea complicado, sino porque conviene conducir con algo más de anticipación.

Deja espacio suficiente para frenar, evita los cambios bruscos de dirección y toma las curvas con suavidad.

Y hay otra cuestión que parece obvia, pero que no está de más recordar cuando llevas a ocho pasajeros:

Tú eres el conductor.

Los demás pueden estar hablando, escuchando música, buscando una dirección o preguntando cuánto falta para llegar. Tú tienes que estar pendiente de la carretera.

Una buena conversación puede esperar. Una maniobra, no.

Viajar con nueve personas también significa organizar bien el equipaje

Aquí aparece otro pequeño problema que suele surgir cuando se prepara un viaje.

Nueve personas pueden llevar muchas cosas.

Maletas, mochilas, bolsas, equipaje de mano…

Antes de salir, merece la pena dedicar unos minutos a colocar todo correctamente.

No se trata simplemente de meterlo todo donde quepa. Intenta distribuir el equipaje de manera ordenada y evita llevar objetos sueltos que puedan desplazarse durante el trayecto.

Y piensa también en las paradas.

Si vais a hacer un viaje largo, coloca de forma accesible aquello que puedas necesitar durante el camino.

Porque descubrir en mitad del viaje que la mochila con los cargadores está enterrada debajo de seis maletas no suele ser una experiencia agradable.

Si la furgoneta es para una mudanza, cambia el planteamiento

Una mudanza es probablemente uno de los motivos más habituales para alquilar una furgoneta durante unos días.

Y también uno de los que más planificación necesita.

Aquí no basta con pensar: “necesito una furgoneta grande”.

Hay que pensar qué vas a transportar.

No ocupa lo mismo trasladar cajas y ropa que mover una cama, un sofá, armarios o electrodomésticos.

Antes de recoger el vehículo, haz una pequeña lista de todo lo que tienes que llevar. Parece una tontería, pero ayuda muchísimo a hacerse una idea del espacio necesario.

Y una vez que empieces a cargar, intenta no hacerlo de cualquier manera.

Las cajas más pesadas deben quedar bien colocadas y la carga tiene que estar correctamente distribuida y asegurada. Los muebles conviene protegerlos para evitar golpes o roces.

Una mudanza puede convertirse rápidamente en un caos si empiezas a meter cosas sin ningún orden.

En cambio, con un poco de planificación, el mismo espacio puede aprovecharse mucho mejor.

Los primeros kilómetros: tómatelos con calma

Hay un momento en el que normalmente desaparece buena parte de los nervios.

Cuando llevas unos minutos conduciendo.

Al principio vas pendiente de todo: los espejos, las dimensiones, los giros…

Después empiezas a relajarte.

Te das cuenta de que la furgoneta responde con normalidad, que puedes circular por la carretera como con cualquier otro vehículo y que las maniobras que parecían complicadas tampoco lo son tanto.

Por eso, si puedes elegir, los primeros kilómetros hazlos sin prisas.

No empieces directamente entrando en el centro de una ciudad que no conoces, buscando una dirección mientras intentas acostumbrarte al vehículo.

Si tienes la posibilidad, familiarízate primero con él en una zona que conozcas.

Unos cuantos kilómetros pueden ser suficientes para cambiar completamente la sensación.

Un último consejo: no intentes conducir una furgoneta como si fuera tu coche

Este quizá sea el consejo más importante de todos.

No intentes olvidar que estás conduciendo un vehículo diferente.

No porque sea peligroso, sino porque necesitas darle a la furgoneta el espacio que necesita.

Más distancia.

Más anticipación.

Más atención en las maniobras.

Y un poco menos de confianza durante los primeros minutos.

Después, poco a poco, irás ganándola.

Y probablemente acabes pensando algo bastante habitual:

“Pues no era para tanto.”

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